Contar con asesoramiento sobre el comportamiento de los perros en los distintos momentos de la vida de las personas y su influencia positiva sobre ellas, permite comprender porque los perros pueden llegar a contribuir al bienestar de las personas en las distintas etapas de su vida.
Durante el embarazo y ante la llegada de un nuevo integrante a la familia, el futuro bebé, es conveniente que al perro se le conserve su lugar, sus espacios físicos y emocionales. Esta conducta de parte de los propietarios, prepara psicológicamente al perro para recibir al bebé, sin sentirse excluido o rechazado, generando después del nacimiento un excelente vínculo con el recién nacido. Para el recién nacido el ladrido del perro será un sonido conocido, como lo fue la voz de la mamá o del papá que lo acompañaron durante el período prenatal cuando estaba aún por nacer.
Si el perro no fue excluido o rechazado durante el embarazo, su presencia tranquilizará al bebé cuando esté a su lado y no sentirá miedo ni lo rechazará cuando el perro lo acaricia con la lengua o lo toca con sus patas. Esto produce efectos cenestésicos placenteros y de contacto vitales en el bebé, siendo éste contacto una necesidad básica en los primeros meses de vida de un niño. La actitud no temerosa de los padres respecto al perro, ayudará mucho en esta primera etapa de relación.
La compañía de un perro a medida que el bebé crece, le permitirá investigar con todos sus sentidos, tocándolo, oliéndolo, acariciándolo como si fuera un juguete, pero a diferencia de un objeto, el perro se transformará en un juguete viviente que responderá a la interacción del bebé con él.En este período es importante que los padres sepan cómo enseñarle al perro a no ser brusco con el pequeño, dado que aún el bebé no sabe regular sus movimientos y límites ni puede comprender el riesgo que significa, por ejemplo, introducir sus deditos en la boca del perro,tocarle los ojos, la orejas y morderlo
Cuando el bebé ya camina y se traslada solo de un lugar a otro de la casa, establecerá una relación de contacto fluida y divertida con "su juguete viviente", aprenderá a relacionarse sin temores con el perro y éste le proporcionará compañía, compartiendo juguetes, juegos y travesuras.
Durante la infancia, el niño y el perro conforman un mundo propio donde juegos, secretos, compañía, crearán un vínculo afectivo donde la alegría, la protección y la confianza ayudarán a crear en el niño conductas positivas y de cuidado frente a un ser vivo. Cuanto más contacto espontáneo tenga el niño con el perro más cercano sentirá el vínculo afectivo.
Para los chicos en edad escolar es un momento apropiado para enseñarles pequeñas responsabilidades relacionadas con su perro como por ejemplo, alimentarlo, cepillarlo, supervisar que siempre tenga agua fresca.
Es importante que los padres permitan al niño participar del adiestramiento de su perro. Al enseñarle los ejercicios de obediencia a su perro, el niño aprenderá a poner límites sin agresión dándole un modelo de responsabilidad resultando ser un aprendizaje compartido, por parte del niño y su perro.
En esta etapa de la vida muchas veces conflictiva donde la afectividad es sumamente lábil y sienten que nadie los comprende, su perro será un aliado, le ofrecerá compañía conectándolo con el afecto sin temor, lo cual es sumamente positivo para él.
En el pasaje de la juventud a la adultez el contacto con un buen perro es muy positivo, porque en este proceso de madurar y hacerse cargo ya no están los padres que se ocupaban como en la infancia, sino que ahora es el joven que asume su propia vida y el perro nuevamente le dará otra posibilidad para aprender conductas de responsabilidad, como lo fue en otras etapas de su desarrollo como persona.
Hay personas que en su infancia y adolescencia crecieron sin la compañía de un perro y se descubren, ya adultos, emocionándose con las vivencias que un perro despierta en ellos y que no habían tenido la oportunidad de experimentar nunca, desconociendo que podían vivir y disfrutar de esto conectándose con sus emociones. Esta conexión emocional es altamente positiva para la vida adulta ya que ayuda a la salud física previniendo enfermedades y mejorando la calidad de vida.
En este período los perros ayudan a los adultos mayores a mantenerse activos y los impulsan a salir al mundo. Juegan con ellos con alegría y en personas con poca actividad social o de relación facilita la conversación y hacer amigos. "Por la calle, me daba mucho orgullo que la gente se paraba, preguntaban si era un peluche o un perrito de verdad. Un día conté, en una cuadra, !seis! personas de las más variadas edades y condiciones, que además de admirarla se detuvieron a conversar", este testimonio ilustra el sentir de una persona de esta etapa de la vida. El beneficio positivo que un perro brinda a un adulto mayor está dado por un conjunto de factores: compañía permanente, incentivo para la actividad física, poderoso antidepresivo y razón de existir por la responsabilidad de atender sus necesidades.
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